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Sala Juana Francés. Casa de la Mujer. Ayto. de Zaragoza.
16/11 al 12/12/95

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Incidir, repetir, reincidir. El Colectivo Radiador repite, repite a los demás, nunca a sí mismos; avanzar por la cuerda floja: repetir a los demás no es copiarlos. ¿No es la creación un constante ir y venir desde unos principios básicos eternos?-Aunque no se sepa muy bien cuales son estos-. ¿No habla la Literatura de cosas vividas, sucedidas, de cosas reales?. Pues, ¿no es la imaginación tan verdadera como cualquier noticia de un periódico (o tan falsa al mismo tiempo)?. La escritura es una repetición constante de signos, y también la pintura, que maneja un código de formas, colores y texturas No Infinito. La pintura habla siempre de la pintura, y los artistas repiten los logros que han alcanzado otros, profundizan en los mismos problemas formales, repiten planteamientos. ¡En Música cuando recordamos de forma automática una melodía, estribillo o fragmento, lo que estamos rememorando son secuencias rítmicas repetidas!.

El Arte mismo entendido como expresión del hombre, como forma de comunicación, es así repetición de sensaciones y deseos, y el Hombre es una mera repetición biológica de células; ni siquiera el planeta donde vivimos, casualidad cósmica, es original, aunque así nos guste creerlo. Lo “Único” es la tabla de salvación a la que aferrarnos para no angustiarnos, para sentirnos mejor, para reafirmarnos. El creer en la individualidad, en lo extraordinario de la persona diferente del resto, y el pensar que “esto no se ha hecho antes”, el pensar que tenemos opiniones personales es la principal forma de engaño a que se nos somete. Acabada la idea del artista como ser excepcional, original, excéntrico y distinto, encontramos que la magia del arte no actúa en esferas ajenas a la vida: es parte de ella, y repite, lo que late por debajo de lo que llamamos ideas o pensamientos, repite aquello que todavía no nos atrevemos a formular, lo que no atinamos a expresar, aquello que no atrevemos a sentir.

Para El Colectivo Radiador, repetir no es una acción perfecta, somos cuatro “artistas” más que cuatro pintores, y en esta “exposición” la repetición supone además de todo este presupuesto teórico, un medio de investigación en las formas del lenguaje que intenta trascender lo puramente pictórico; negarnos en parte a nosotros mismos para llegar a lo verdaderamente nuestro, que es entonces lo de todos. Apelar al inconsciente, a lo irracional a lo que tiene el Arte más primitivo de exorcismo, de liberación, repetición de objetos, de símbolos, de signos, de módulos: una forma de trabajo que nos permite desprendernos de ataduras que limitan, evitando la tentación de la obra perfecta, amable y conservadora. Desarrollar con la repetición una búsqueda de lo esencial, prescindir de lo accesorio, de lo difícil en apariencia que es lo fácil. Repetir en lo filosófico y lo estético para bucear en el Alma Común.
Proponemos algo NO original seguramente, ya hecho por otros aunque incluso ellos no lo sepan, algo repetido. El resultado de la suma o repetición de Almalé con Casado Serrano con Pedro Flores con El Vaso Solanas es El Colectivo Radiador, no es cuatro individuos/artistas/pintores, es El Colectivo Radiador que vive independientemente de cada uno de ellos, de nosotros.

El Colectivo Radiador
Zaragoza, Enero de 1993.

Bar Bonanza. Zaragoza.30 de junio al 15 julio de 1993

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Un juego-reflexión sobre lo efímero de la realidad y su imagen invertida y pervertida.
En un espacio artístico atípico e histórico, denso y abigarrado, donde se mezclan huevos con Mahler para hacer tortillas de longaniza y Paco Ibáñez con olivas negras para hacer sonetos gongorinos y procaces:el Bar de Manuel García Maya, el Bonanza.
La contemplación de la obra se enriquece con el entorno reflejado en los espejos protagonistas.
Un homenaje a un símbolo literario, cultural y artístico:el mito de Narciso, la Venus del Espejo, el fotografo fotografiado, la Aliciade Lewis Carroll…
Acción surreal, efímera y provocativa.
Como diría Manolo ¡ qué bonito es el escabeche !. Y punto.

Itinerancia Ibercaja 1992-93

*Texto del catálogo editado por Ibercaja.

De mi pequeño reino afortunado
me quedó esta costumbre de calor
y una imposible propensión al mito
Jaime Gil de Biedma

En el reparto de papeles, auténticos acontecimientos, que de forma habitual y con inusitado crecimiento propicia lo que entendemos por hecho artístico, corresponde a los textos que aparecen en los catálogos de exposiciones bien ilustrar los contenidos icónicos o ideológicos del artista de turno, bien argumentar el “escaparate”, es decir los “acontecimientos internos” de la obra mostrada, sencillamente servir de edulcorado canto de “virtudes” intrínsecas que posee el autor de esas obras a las que acompaña. Claro que, y por simplificar, explicito tres situaciones distintas, aunque formalmente acaban siendo la misma practica; desde una cierta forma de entender la crítica de arte, desde la historiografía más rabiosamente actual, o desde la semántica de los “comulgantes” en el hecho comercial del objeto artístico, esta suerte de “género epistolar”, palabras servidas en generosa connivencia, no es otra cosa que oscuro desencanto, unas veces; espléndidos, y rendidos, deseos-resumen, otras; o simplemente el exhibir sin pudor una manera de estar ahí. Hipótesis que a duras penas se diluyen ya en el mar de las teorías

En el pequeño reino, o en el territorio, de los escritores de “arte”, se suceden siempre una serie de procesos encadenados a gentes de otras lenguas y otros milagros. Condenados a clarificar el uso de códigos y sus posibles efectos (de eficacia, de eficiencia, etc.) en una especie de sistema de probabilidades que, en muchos casos, acaba por reducir información, los escritores de “arte”-como digo- desde su atalaya particular, resultan una suerte de “factor” co-creativo, necesariamente abocado a una redundancia estructural del lenguaje; y por eso a pesar de que el arte, o la pintura en este caso, desempeñe “oblicuamente”(como gusta definir Román de la Calle) funciones comunes al lenguaje mismo.
Efectivamente la pintura, el arte, es en esencia comunicación, pero adquiere – y generalmente admite- el perfil de la inapreciable línea de un suspiro, tanto como razón para desaparecer, como para convertirse en objeto igualmente definitivo. Quizá por eso, ambiciones y aturdimientos al margen, la palabra escrita y la pintura de estos tiempos, ya sin posibilidades de regresar a la “casa” de la representación, han construido una especie de sociedad secreta, pública y socialmente bien considerada, en general.
Y es que el territorio de la pintura, o mejor de los pintores, asistimos a una “apertura” que no ha dudado en apropiarse de cuantos recursos técnico-expresivos le han sido presentados, desarrollando una actividad que, con sus osadías y sus victorias, va más allá de la redundante “comprensibilidad” que la escritura (cualquier escritura) le otorga, pues en ese leve suspiro que perfila cada trazo, que destila cada cuadro, no solo está la ” potencia” del pintor, sus signos plásticos, sino que están los módulos expresivos propios de los destinatarios de esas obras, propiciando así el proceso “sui generis” de la comunicación artística.

En la generación de los cuatro pintores que reúne, o recoge, a modo de “radiantes elementos” el radiador colectivo, se han dado-y se dan-, en efecto, experimentalismos de toda especie y condición. Se resucitan y se prueban fórmulas y variaciones según sea la índole de los estímulos, lo radical de los subjetivismos. En la pintura que insobornablemente practican Javier Almalé, Jesús Casado Serrano, Pedro Flores y El Vaso Solanas está todo el enigmático artificio de la ilusión, reciente e inédita siempre; está el instinto en presencia del signo, contenido en la forma (a veces silencioso) o violentamente lanzado en sensaciones de color (colores altos, voces claras), y por que no, todo el “calor” que acostubradamente emiten quienes hacen de su vida un disparate magnifico, un “radiador”, en este caso.
Desde la emoción por la percepción de imágenes que, una vez narradas, son como la tonalidad de una experiencia (Almalé), a esa patología del “retrato” próxima a los jeroglíficos -el ojo inocente es un mito- en la pintura del Vaso, pasamos por el particular depósito de síntomas, por esa especie de concentración de energías, que suponen los trabajos de Casado Serrano, y por los descubrimientos “topográficos” y el interés por la claridad y la “estructura” del cuadro en Pedro Flores, pasamos, en fin, por la exactitud de la pintura, esa diosa que amamos.
Y en el reparto de papeles, del que hablaba al principio, me ha tocado la redundancia de contarlo para perseverar en la costumbre.

Vicente Villarrocha
Zaragoza, Enero de 1992.

Ciudades: Naturalezas Muertas
Figures in a landscape movie
Galería Almazán. Zaragoza del 10 al 29 de Mayo 1991

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El Colectivo Radiador reflexiona
en esta exposición, sobre la ciudad como metáfora.
Analiza el paisaje urbano, los distintos elementos que
lo componen: edificios, plazas, bulevares, avenidas…
como fragmentos de un decorado para el Hombre, que se
revela contra Él mísmo.

El Hombre acosado por el tráfico,
axfisiado por la prisa y los humos,
agredido por el ruido y la publicidad.
El Hombre atrapado en su propia codicia;
una simple figura para un decorado de naturalezas muertas.

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fiesta
EL COLECTIVO RADIADOR
09.05.1991
Sala-Bar CENTRAL zgz

Música en vivo por Javier Rodríguez

Proyección del video
El Colectivo Radiador
de Manuel Julvez y Carlos Higueras

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Presentación de carpeta de
4 serigrafías,
estampadas en el taller de
Pepe Bofarull.
49,5 x 34,5 cms. c.u.

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OBRA RECIENTE
CENTRO MUNICIPAL DE INICIATIVAS CULTURALES. AYTO. DE ZUERA.
DEL 12 AL 20 DE ENERO DE 1991

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